VENEZUELA: DEMOCRACIA SIEMPRE, SIN EXCEPCIONES

Maduro tenía que salir, sin matices ni excusas. Su permanencia fue sostenida por la represión, el empobrecimiento de su pueblo y la anulación sistemática de la democracia. Pero también es cierto que la diplomacia de los gobiernos de la región fue lenta, tibia e ineficaz, permitiendo que el desastre se prolongara hasta volverse irreversible.
Hoy Maduro ya no está, pero el daño es profundo y el tiempo perdido no se recupera. Ahora la única salida legítima es una transición pacífica, con garantías democráticas reales, para que Venezuela recupere su gobernabilidad sin caer en nuevas formas de sometimiento.
Las intenciones de Estados Unidos —y particularmente de figuras como Trump— nunca han sido desinteresadas. La historia es clara: “ayuda” a cambio de control sobre recursos estratégicos. América Latina ya pagó ese precio demasiadas veces como para fingir sorpresa.
Chile lo sabe mejor que nadie. Nuestra propia historia, marcada por la intervención extranjera y la dictadura de Pinochet, debería vacunarnos contra cualquier intento de relativizar autoritarismos según conveniencia ideológica. No hay dictaduras buenas ni golpes justificables.
Por eso, debemos ser coherentes: condenar a Maduro, a Trump cuando actúa como matón imperial, a Pinochet y a todos los dictadores, invasores y autoritarios, sin excepciones ni dobles estándares.
La salida no es cambiar un tutelaje por otro. Cada país debe resolver sus conflictos internos respetando la voluntad de su pueblo y el derecho internacional. Sin imposiciones, sin saqueos disfrazados de ayuda y sin silencios cómplices.

Doce lunas, un año de camino.

A lo largo de este 2025 me propuse un ejercicio simple, pero constante: mirar el cielo una vez al mes y detenerme frente a la luna llena. No como un registro técnico únicamente, sino como una forma de acompañar el paso del tiempo, de anclarme al presente y de observar cómo, aunque todo cambia, algo siempre regresa. Este proyecto personal fue creciendo sin hacer ruido, luna a luna, imagen a imagen, hasta transformarse en una pequeña bitácora visual de mi propio tránsito.

Estas doce lunas llenas han sido fotografiadas mes a mes con mi cámara Canon T7i, un lente 55–250 mm, mi trípode y una edición mínima. Las vistas corresponden a mis estadías en las ciudades de Molina, Curicó y Ñuñoa, lugares que también fueron escenario de procesos, encuentros y movimientos personales.

La luna ha acompañado mi transitar durante este 2025. En cada color, iluminación, temperatura y nivel de nitidez se vuelve casi imposible no asociar recuerdos, experiencias, emociones y sentimientos que fueron vividos en el presente año. Cada fotografía guarda algo más que una imagen: guarda un instante emocional, una pausa, una respiración.

Son importantes para mí por la dedicación, la conexión y la constancia que implicaron. Más que un resultado, representan un hábito sostenido, una decisión de observar y esperar el momento justo. Hoy completé la misión y quiero compartirla con ustedes, no solo como una muestra fotográfica, sino como una invitación a mirar más lento, a volver a levantar la vista y a reconocer nuestros propios ciclos.

Saludos desde,
IG: @PatricioBustamanteSoto
IG: @pbustas

DICIEMBRE: VOLVER A LO QUE IMPORTA.

Diciembre siempre llega así, casi de sorpresa, justo cuando uno empieza a cerrar el año y a repasar lo que avanzó, lo que quedó pendiente y lo que simplemente se dio sin proponérselo. Es un mes donde la memoria se activa de manera natural.

Y también vuelve la amistad a tomar su lugar. Diciembre siempre ha sido ese tiempo para reencontrarse con los de siempre, para ponerse al día en pequeñas conversaciones, o para dejar que aparezcan nuevos lazos entre actividades de cierre y celebraciones. Algo pasa en el aire que hace más fácil conectar.

El clima, las luces, el ambiente distinto… todo invita a recordar. Historias guardadas, historias que nos acompañan desde niños, historias que vuelven cuando diciembre abre la puerta.

El sol fuerte, levantarse temprano, agua en mano y salir a caminar. Las compras navideñas están ahí, pero yo prefiero quedarme con ese paseo diario: caminar, contemplar, visitar. En cada paso aparecen los hitos del año, esos momentos que van sosteniendo las relaciones que realmente importan.

Y diciembre tiene esa otra cosa: de pronto uno conoce personas nuevas, las conversaciones fluyen distinto y aparece una chispa que no siempre se explica. Es una mezcla de cierre y de comienzo, un cruce de caminos que se da cuando el año ya está respirando hondo para despedirse. Me ha pasado muchas veces a lo largo de la vida; diciembre tiene su propio modo de conectar historias.

También despierta la solidaridad. Uno mira su propia vida y siente que nada esencial falta para cerrar bien el año, pero cuando extiende la mirada se da cuenta de quienes lo están pasando mal. Y ahí nace esa necesidad de hacer algo: apoyar una causa, acompañar, aportar un gesto, aunque sea pequeño. Es una forma de agradecer lo recibido y compartirlo.

Diciembre, cualquier diciembre, siempre ha sido volver a mirar lo aprendido, a vivir con más calma, a escuchar de verdad y a dejarse sorprender por lo que otros traen en su historia.

Cada caminata en estas fechas tiene ese mismo efecto: ese golpe suave de nostalgia y de alegría que, al final, son parte del mismo camino. Y hacen bien.

Y el Hijo/a Ilustre de Curicó cuando? Cuál es el sesgo?

Y el Hijo/a Ilustre de Curicó cuando? Cuál es el sesgo?

Al parecer, ya se desvaneció la oportunidad de otorgar el título de Hijo Ilustre de Curicó al curicano Alejandro “Mono” González, nuestro Premio Nacional de Artes 2025, el segundo en la historia de la ciudad, tras Benito Rebolledo en 1959.

Agradecimiento a quienes tuvieron la voluntad de hacerlo posible, y no agradecimiento a quienes lo impidieron.

San Bernardo, donde hoy es vecino, sí hizo la tarea.

El aniversario de Curicó ya pasó.

En resumen, el máximo exponente del muralismo hoy en Chile ha recibido diversas distinciones, por mencionar:

M. Culturas: Premio Nacional de Artes Plásticas 2025.
Universidad: Medalla Rectoral U. De Chile.
San Bernardo: Ciudadano Ilustre.
Curicó: Conversatorio.

Volver a los 17, pero con 40.

Hoy miércoles se presentó Richard Ashcroft, haciéndonos la previa para el concierto de Oasis en Chile, interpretó varias de las canciones que tocaba con su banda, The Verve: The Drugs Don’t Work, Sonnet, Lucky Man y uno de sus clásicos más icónicos, Bitter Sweet Symphony.

Comenzó con sus canciones como solista, generando una expectativa natural por escuchar después esos temas que marcaron una época. Para mí fue como un viaje en el tiempo, directo a mi adolescencia: octavo básico en 1999, primero medio el 2000 y cuarto medio el 2003. Volver a vibrar con esas canciones de cuando tenía entre 14 y 18 años fue profundamente emocionante.

Sin embargo, hoy, desde la adultez, esa canción ya no solo se siente como un recuerdo juvenil, sino como una metáfora más profunda: una vida hermosa, pero también dura, marcada por decisiones, responsabilidades, frustraciones y búsquedas de sentido. Aquella melodía que en la adolescencia sonaba a rebeldía, hoy resuena como una reflexión sobre el camino recorrido, sobre lo inevitable de crecer y, al mismo tiempo, sobre la necesidad de no perder la esencia.

Fue impresionante apreciar vivo aquellas melodías que solo veía por televisión o en el cable. Además, su icónica actitud y voz áspera (de baritono) despertó emociones intensas. Me reencontré con esa adolescencia algo rebelde, agridulce en la que al mismo tiempo, pude soltar emociones contenidas que raspan el presente.

Porque, aunque cambien las etapas, hay situaciones en la adultez activan esa misma fibra, esa intensidad tan propia de la adolescencia. Ese fue el clímax de la presentación. No grabé ese momento, porque lo único importante era escucharlo, cantarlo fuerte, con el corazón, al borde de descargar todo lo que llevaba dentro. Sentirme rebelde, pero no contra el sistema, sino contra esas ataduras, temores y pasiones que te mantienen preso de ti mismo.

En ese instante cayeron algunas lágrimas de alegría y emoción, como si estuviera reparando cosas que yo no rompí, solo que tocaron vivirlas por la razón de la existencia en espacio y lugar que yo no elegí, pero del cual si puedo hacerme cargo desde siempre.

En mi experiencia personal, esta presentación fue casi un acto de justicia frente a lo dicho y frente a todas aquellas veces en que no hubo reencuentros — por cierto, conmigo, con personas de la vida y, por cierto, con artistas — ya que a veces, no hay dos veces.

Terminada la presentación, en 20 minutos más salió al escenario OASIS.

Visita del Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, Alejandro “Mono” González, a su natal Curicó.

Este jueves, en el auditorio de la Corporación Cultural de Curicó, se llevó a cabo un significativo encuentro con el Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, Alejandro “Mono” González.
El destacado artista compartió un conversatorio con docentes de la ciudad, presentando diversos pasajes del desarrollo de su obra y llevándonos en un viaje a través de su técnica —caracterizada por la rapidez y la urgencia—, elementos que, según explicó, nacen del contexto histórico en que surgieron muchos de sus murales.

Durante casi dos horas, el artista curicano abordó distintos tópicos que permiten comprender su trayectoria y pensamiento:

1. Orígenes y formación:
Realizó sus estudios básicos en la Escuela D-1 de Curicó (actual Escuela Balmaceda), donde participó en un concurso que le permitió obtener una beca para continuar su formación en Santiago. Recordó también que, en 1955, junto a la banda escolar, rindieron homenaje al artista curicano y Premio Nacional Benito Rebolledo.

Posteriormente estudió en la Escuela Experimental Artística de Santiago y en Diseño Teatral en la Universidad de Chile, periodo en el cual participó activamente en movimientos políticos y en la organización de la Brigada Ramona Parra (BRP).

2. El mural como comunicación popular:
González relató que desde niño le llamaba la atención la publicidad, por la mezcla de imágenes, dibujos y texto, y por la intención comunicativa que en ellas encontraba.
Al reflexionar sobre distintas campañas políticas —como las de Frei o Tomic— destacó cómo en ellas se evidencian distintos recursos simbólicos.
Asimismo, estableció una clara diferencia entre el muralismo mexicano y el chileno: mientras el primero surge desde la academia y una lógica más vertical, el muralismo chileno nace desde la comunidad, donde el contenido y la técnica emergen del pueblo y su entorno.

3. Técnica y trabajo colectivo:

Cada mural que realiza parte de una investigación y contextualización en el espacio donde será pintado. Sus trazos amplios —al “ancho de brocha”— responden a la necesidad de inmediatez que caracterizó las acciones de la BRP, donde todo debía hacerse con rapidez.
Aunque las obras llevan su sello personal, enfatizó que el trabajo colectivo y comunitario es lo que realmente genera apropiación del espacio.

4. Una mirada global:
González también compartió experiencias de su labor muralista en distintos países: Ucrania, Argentina, Australia, Francia y España, destacando especialmente su experiencia en Nápoles (Italia).
Allí participó en el proyecto transformador “Luce al Rione Sanità”, desarrollado en la Iglesia La Cristallini, ubicada en el barrio Rione Sanità, una zona históricamente marcada por la presencia de mafias.
Junto a Toño Cruz, Giuliana Conte y un equipo de artistas y profesionales, vivieron cerca de dos meses en el sector, apoyados por la Cooperativa La Paranza, integrándose en la vida local para dotar al proyecto de una identidad propia y profundamente comunitaria.


En la Iglesia Azul, como finalmente fue conocida, no pintaron santos para que la gente los venerara; fue todo lo contrario: plasmaron los rostros de los vecinos y vecinas del barrio, de todas las edades, tanto en los muros como en láminas colgantes.


En el altar, en lugar de una figura religiosa tradicional, se instaló un cuadro con una mano sosteniendo una espiga, y a sus pies, una barcaza construida por internos de la cárcel local.
El espacio quedó lleno de símbolos y significados, visibles tanto en una primera mirada como en una segunda lectura más profunda.

Con esta obra, González vuelve a reafirmar aquello que dio origen a su camino artístico:
crear arte junto a las personas, fortalecer el sentido de lo colectivo, la pertenencia, la identidad y el valor histórico de cada lugar donde pinta.

Además, el artista enfatiza que su técnica —forjada con los años— se ha modelado desde el respeto al entorno, buscando siempre que sus murales dialoguen y convivan armoniosamente con el espacio donde se levantan.

Durante el conversatorio, Alejandro “Mono” González” enfatizó que “Mono” es su chapa, pero también su nombre, una identidad que asumió con orgullo y que hoy lo acompaña con historia. No tiene reparos en ser llamado así: “El Mono” se volvió parte inseparable del artista y del hombre.

Sobre los reconocimientos recibidos —el Premio Nacional de Artes Plásticas, los honoris causa y otras distinciones en Chile y el extranjero—, expresó su gratitud, pero también dejó entrever que no los siente como premios personales, sino como un reconocimiento a la significancia del muralismo chileno, al trabajo colectivo, a la lucha social y a la resistencia que marcó una época, además de a las muchas personas que han caminado junto a él.

Recordó, con emoción, que cuando niño vio cómo Curicó recibía a Benito Rebolledo tras obtener el mismo galardón. Hoy, con los tiempos cambiados, es él quien vuelve a su ciudad natal no solo para ser homenajeado, sino para enseñar su obra, compartir con estudiantes, estampar serigrafías y dialogar con la comunidad, cerrando así un círculo vital entre el arte, la memoria y la gente.

En la Escuela, todos cabemos.

Así como existen adultos que intentan negar la educación a estudiantes migrantes, también hay quienes mantenemos firme nuestro compromiso de enseñarles y de garantizar sus derechos, sin importar su origen.

Los conflictos entre adultos y naciones deben resolverse entre ellos. Los niños no pueden ni deben cargar con las consecuencias de esa mezquindad.

El compromiso de la escuela, como colaboradora del Estado en el cumplimiento del Derecho a la Educación, no puede ponerse en duda por intereses partidistas ni pasiones electorales.

Cuando los profesores hacemos clases, no miramos nacionalidades, documentos ni estadísticas.
Vemos personas: niños, niñas y adolescentes en proceso de formación, que día a día se esfuerzan por aprovechar la oportunidad que la vida les da para romper barreras, superar la segregación y construir su propio futuro, acompañados por sus familias y por quienes trabajamos en educación.

En la Escuela, todos cabemos.

La inestabilidad docente no puede seguir siendo la norma.

Hoy, una vez más, el Congreso le dio la espalda a las y los profesores de Chile. La Ley de Titularidad Docente 2025, que debía votarse en la Cámara de Diputadas y Diputados, no pudo ser tratada por falta de quórum. Una ley que buscaba otorgar algo tan básico como estabilidad laboral a quienes llevan años formando generaciones bajo la incertidumbre de un contrato a plazo fijo.

“¡Es una vergüenza lo que ha pasado! Miles de profesores están esperando esto”,
expresó con razón Mario Aguilar, presidente del Colegio de Profesoras y Profesores.

Y tiene toda la razón. Lo de hoy es una vergüenza nacional. ¿Cómo puede ser que quienes levantan cada mañana la educación pública sigan dependiendo del azar político para tener un trabajo estable? Miles de docentes han dedicado su vida a las aulas, enfrentando precariedad, sobrecarga, falta de recursos y, aun así, sosteniendo la esperanza de sus estudiantes. Lo mínimo que merecen es certeza, respeto y reconocimiento real.

Mientras tanto, en la tabla de la sesión figuraban temas como las enmiendas al Convenio Constitutivo de la Organización Marítima Internacional y este mismo proyecto de titularidad. Pero nada de eso pudo avanzar porque los diputados no asistieron. Solo quienes estaban participando en la discusión del Presupuesto Nacional quedaron justificados; el resto, simplemente no llegó.

Esto no es solo un problema administrativo: es una señal clara de desconexión. La clase política parece vivir en un país distinto, uno donde los cálculos electorales importan más que la dignidad de quienes educan. En lugar de valorar el esfuerzo, la vocación y el compromiso docente, se siguen postergando decisiones que afectan vidas reales.

La inestabilidad laboral docente no puede seguir siendo la norma.
Cada contrato temporal es una forma de decirle a un profesor: “tu trabajo importa, pero no tanto”.
Cada postergación de esta ley es una bofetada a la vocación docente, a la escuela pública y al futuro de Chile.

La titularidad docente no es un privilegio: es justicia, es dignidad, y es reconocimiento a quienes nunca han dejado de enseñar, incluso cuando el Estado los abandona.

Chile se consagra campeón invicto del Torneo Sur Centroamericano Sub-16 de Balonmano en Paraguay.

La selección chilena masculina Sub-16 de balonmano se coronó campeona del Torneo Sur Centroamericano, disputado entre el 16 y el 27 de septiembre en Asunción, Paraguay. El equipo nacional mostró un nivel sobresaliente y ganó todos sus encuentros, consolidándose como el mejor del continente en su categoría.

En la gran final disputada frente a Argentina, este sábado recién pasado, Chile se impuso con claridad por 29 a 17, demostrando solidez defensiva y un ataque eficaz que le permitió dominar el marcador de principio a fin. Durante la fase previa, la escuadra nacional también venció a Paraguay, Perú y Brasil, logrando una campaña perfecta.

Entre los jugadores destacados se encuentra Esteban Aravena (16 años), estudiante del Colegio Deportivo Luis Cruz Martínez de Curicó, integrante de la selección masculina y jugador del Club Liceo Nacional de Maipú, quien pudo estar presente en el torneo a pesar de enfrentar adversidades económicas, demostrando compromiso y perseverancia. Asimismo, Vanesa Gajardo (15 años), también estudiante del mismo colegio, seleccionada nacional femenina y jugadora del equipo de balonmano del Colegio Montessori de Talca, brilló con su desempeño.

El técnico chileno, en su declaración a diferentes medios, destacó el trabajo integral realizado con los jugadores: «Hemos trabajado con psicólogos deportivos. Reforzamos la autoconfianza, evaluamos niveles de ansiedad y hacemos una visualización para que estén preparados emocionalmente. Lo que más tienen y que quizás los puede diferenciar, es la valentía. No existe el miedo al error; constantemente arriesgan y ahí se encuentra su mayor virtud», aseguró el también técnico del Club Unión de Santiago Balonmano (USAB).

Por su parte, la selección femenina Sub-15 obtuvo el 5° lugar en el torneo, mostrando un gran desempeño y consolidando una experiencia internacional valiosa para las futuras generaciones del balonmano chileno.

Fotografía de @handballsca

Ciclistas Urbanos de Molina refuerzan la seguridad en el Día Nacional Sin Auto.

Entregaron chalecos reflectantes y luces a vecinos y vecinas, e invitaron a disfrutar de la bicicleta día a día.

El Club de Ciclistas Urbanos de Molina quiso felicitar y agradecer a quienes eligen la bicicleta como medio de transporte, y al mismo tiempo respaldar su seguridad con medidas concretas.

Durante viernes, sábado y domingo, se desarrolló un programa de actividades que incluyó la difusión sobre la importancia del Día Nacional Sin Auto y la entrega de chalecos reflectantes y luces, fomentando hábitos responsables para quienes recorren la ciudad en bicicleta.

Los organizadores hicieron un llamado a la comunidad para priorizar medios de transporte más sostenibles, como caminar, la bicicleta o la locomoción colectiva, y, en último caso, compartir el vehículo. La idea es cuidar el aire, reducir la congestión y hacer de las calles un lugar más seguro para todos.

Se indicó que el Día Nacional Sin Auto no es solo dejar el automóvil en casa, sino también una oportunidad para reflexionar sobre cómo nos movemos y hacerlo de manera más segura y responsable. La actividad buscó reconocer a quienes eligen la bicicleta y recordar la importancia de usar casco y otras medidas de protección.

La jornada concluyó con la invitación a seguir pedaleando y moviéndose con responsabilidad, reafirmando que la bicicleta y otros medios sustentables pueden llevarnos a todos lados de forma segura y consciente.